La comida no se tira.

Recientemente ha trascendido la noticia de que el ayuntamiento de Gerona había decidido poner candados en los contenedores para evitar que la gente “hurgara” en ellos. A cambio se comprometía a entregar tiques de comida en buen estado a quien lo necesitara. (Véase noticia).

Esto no es nuevo, hace poco un compañero que trabaja en una gran cadena de supermercados me comentaba que ya no depositan los cubos en la calle, los dejan dentro hasta que pasa el camión de la basura apelando a la “mala imagen” que supone tener gente esperando o rebuscando entre los cubos en la puerta de los centros.

Entiendo que este tipo de noticias nos indigne a todos, más aún en tiempos de crisis. En Europa se tiran cada año 89 millones de toneladas de alimentos comestibles y que podrían ser aptos para el consumo, según fuentes del parlamento europeo, ahí está el problema.

Los productos que se tiran a la basura son aquellos que:

– Están caducados o han superado la fecha de consumo preferente.

– Tienen dañado el embalaje aún sin haber sido manipulados.

– Son aptos para el consumo pero no para la venta.

Aquí la controversia, por ejemplo, las frutas y hortalizas que consumimos pasan una serie de controles, por supuesto higiénicos y sanitarios, pero también otros más “estéticos”. Si estos alimentos tienen un color o forma que no concuerda con el resto son desechados aunque sean aptos para el consumo.

La normativa también varía en función de cada país. Los yogures pueden ser vendidos hasta 4 días antes de su fecha de caducidad, lo mismo ocurre con otros productos no caducados. En el momento en que un lote o caja se caiga al suelo, y uno de sus embalajes resulte dañado, todo el lote debe ser desechado. El excedente de productos del día, también.

¿Qué se puede hacer?

En países anglosajones es común disminuir el precio de los productos que van a caducar o de los que se tiene excedente, o incluso aquellos en los que el embalaje ha sufrido algún desperfecto pero no el producto (Ningún producto manipulado es apto para la venta), para darles salida y evitar que se tiren. Esta práctica se conoce como “Reduced to clear” y tiene una finalidad mayormente económica. Si el supermercado tiene menos volumen de basura, pagará menos tasas.
Por suerte esta práctica está siendo ya implantada en algunos supermercados españoles, lo que permitiría disminuir la cantidad de productos que se tiran a la vez que los consumidores pueden llenar el carro de la compra a menor precio. El problema es que no está lo suficientemente instaurado en la sociedad, y muchos relacionan menor precio con mala calidad, o productos en mal estado.

A pesar de ello, los supermercados continúan tirando mucha comida apta para el consumo a la basura. En algunas ciudades es habitual ver como la gente espera a que saquen los cubos para recoger esa comida, algunos por necesidad, otros pertenecen a movimientos como los llamados “Freegans” que intentan aprovechar esa comida con fines sociales. Y todo a pesar de que rebuscar en la basura está penado con hasta 750 euros de multa en la Comunidad de Madrid. En otros casos son los propios trabajadores los que se llevan esos productos a casa al final del día.

Cada vez más marcas como Danone o Panrico, se hacen cargo de sus productos caducados recogiéndolos y gestionándolos.

Mención aparte merecen las prácticas que realizan algunos supermercados para evitar que la gente recoja los productos desechados. He leído cosas como: rociar la comida con lejía, mezclarla con productos de limpieza, volcar los cubos, poner a personal de seguridad vigilando… Incluso penalizan a sus trabajadores si permiten que los productos lleguen a la gente.

¿Cual es la razón? Simplemente evitar mayores perjuicios. Según la normativa actual si hay un problema de salud pública o una persona se intoxica por un producto en mal estado podría responsabilizar directamente a la empresa.

Así que quizás la solución pase por un cambio de normativa, aunque es realmente complicado. Y tampoco hay un criterio unificado por parte de los supermercados.

Los bancos de alimentos

Una buena solución pasa por los bancos de alimentos. Estas instituciones firman convenios con supermercados, restaurantes y hoteles para hacerse cargo de los productos en buen estado y que son actos para el consumo. El problema es que muchos de ellos no están lo suficientemente bien preparados y no pueden gestionar la cantidad de alimentos que reciben.

Para donar un producto a un banco de alimentos debe cumplir tres requisitos indispensables:

– No estar caducado.

– No haber superado la fecha de consumo preferente.

– Esta debidamente etiquetados.

Bárbara Sánchez Dietista – Nutricionista

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: